“China está de moda y   
  no hay con qué darle”   
  


Huang Sheng Huang nació en Taiwán el 1 de enero de 1980, llegó a la Argentina para trabajar junto a su familia en una empresa textil y años más tarde se recibió en la UBA de Diseñador Gráfico. ¿Te suena? Estamos hablando de Ignacio Huang, el coprotagonista de Un cuento chino, película que en las últimas semanas arrasó en los festivales internacionales. Entre avión y avión, Nacho hizo escala para contarle a Che chino sobre su vida en Argentina, su experiencia actoral y su visión sobre la cultura Argenchina. 


¿Cómo comenzó tu carrera actoral?
Un día encontré una convocatoria que buscaba actor para una obra experimental y fui. Dije ‘Voy a probar, si no me gusta me voy’. Fui, probé y quedé. A partir de ahí no pare de hacer teatro. Un par de años después ingresé al IUNA. Eso fue 9 años atrás y hoy estoy por recibirme. Durante este tiempo hice un montón de cosas. El año pasado salió este casting de Sebastián Borensztein para Un Cuento Chino que ya de entrada decía que buscaba co-protagonista para  Ricardo Darín. Finalmente me eligió y la cosa fue un ‘boom’. Y de pronto me convertí en alguien famoso.

¿Cómo viviste la experiencia de participar en Un Cuento Chino?
Cuando escuché que era una audición para trabajar con Darín, eso ya era como ‘O me eligen o me pego un tiro’, porque encima no buscaban orientales en general, buscaban chinos. Actores coreanos y japoneses hay, no muchos, pero hay. En cambio, actores chinos, me sobran los dedos para contarlos. Pero encima que a alguien se le haya ocurrido tener un coprotagonista en una película con el máximo exponente del cine argentino del momento es demasiado. En mi caso no fue tan difícil porque la experiencia de mi personaje la viví. Yo nací allá  y vine acá. Si bien no me robaron y no me pasó todo lo que le pasó al personaje, yo sé lo que es hablar y que nadie te entienda, o no entender nada. Esa vivencia la tengo, en algún sentido yo soy yo. Capaz que si tengo que hacer de camionero, ahí me va a  costar más. Es mi experiencia pero llevándola a otro nivel, más triste, más trágico, pero eso ya es cuestión de actuación.




¿Cuál fue tu primera impresión cuando llegaste a Argentina?
Yo nací en Taiwán, que es China pero no es comunista como la parte continental. De chico nunca había ido a China y no conocía un chino, porque estaban políticamente muy separadas. Taiwán es un país moderno, libre, consumista como Argentina. Y de ahí vine con mi familia a los once años, entonces no fue mucho el shock de cambio. Venía de un país “Shopping Center” e iba a otro país “Shopping Center”. Fue novedoso porque era chico y además era un viaje de dos días. No es como ahora que  hay vuelos directos, estamos hablando de veinte años atrás. Yo me acuerdo que estaba muy feliz. Después también me agarró nostalgia al sentir que era diferente.

¿Tuviste ganas de volverte?
A esa edad no sé cuánta decisión tiene uno de decir ‘mirá yo acá no soy feliz, quiero volver’. Extrañaba un poco, uno pensaba qué hubiera sido si yo me quedaba allá. Es más, cuando las cosas no te salían bien, uno decía ‘para qué me trajeron acá que soy diferente’. Allá estaba en el sexto grado y acá tuve que empezar de nuevo, me metieron en segundo. Había que empezar de cero. A los ocho meses de llegar, recién pude rendir mi primer examen y sacar un cuatro para aprobar. Después con los años fui mejorando con el estudio y fui superando las notas.

En algún momento, ¿te sentiste en desventaja?
Yo tengo que trabajar el doble para poder competir con la gente, siempre estoy en desventaja. Esas cosas te hacen pensar sobre qué pasaría si uno no estuviera acá. En cambio, con la actuación supe aprovechar mi diferencia, lo que era desventaja de pronto se convirtió en ventaja. Si tenés diez actores en el escenario, es más probable que te acuerdes de mí porque yo soy tan diferente del resto que la gente me recuerda. A eso agregale un poco de talento, agregale un poco de gracia y entonces el público se queda enganchado. En ese caso yo aproveché mi desventaja, el ser diferente. De todas formas, como dice Baumann, la Edad Moderna hace que estemos viviendo en grandes urbes y eso es básicamente el mundo de extranjeros. Hay más extranjeros que no extranjeros. De esa manera, si no lo sos, te convertís en uno dentro de tu propia ciudad. No hay posibilidad de que no te cruces con alguno durante el día y, al aumentar esa frecuencia, o te generás una forma de autoprotección de no hablarles o estás forzado a convivir con ellos. Es un aprendizaje de todos los días.




¿Cómo crees que se está incorporando China a la Argentina?
Estamos en un mundo que es tirado de la nariz por la economía y eso hizo que China se pusiera de moda. Empiezan a llegar cosas de China, el nuevo estilo de vida, la vida Zen, la comida, la decoración. De pronto China se convirtió en todo por dos pesos. Occidente necesitaba una cosa alternativa. No es que el Occidente eligió a China, sino que la situación conlleva a que eso suceda. China está de moda y no hay con qué darle, es así.

¿Y vos también te sumaste a la moda?
Y… yo tengo un gusto muy argentino. Esa forma de vestirse, de combinar, es muy exótica. Estamos hablando de que hay una forma particular de vestir de los orientales: de pronto te ponen un dragón acá en la camisa, un dragón acá en el jean. ¿De dónde saliste? ¿De Kill Bill? A mi me cuesta ponerme ropa así, me identifico más con la forma de vestir de acá. Quizás sea una decisión, un deseo de mezclarme con los argentinos.

¿Te sentís más identificado con la cultura china o la argentina?
A esta altura yo soy muy argentino, yo me naturalicé. Si ahora vuelvo a Taiwán, me van a decir ‘es un monstruo’. Tengo physic du rol oriental, pero por dentro tengo mucho pensamiento occidental porque básicamente mi formación fue acá. Últimamente estoy encontrando una especie de buena combinación, sacar lo mejor de las dos culturas. Los orientales son famosos por ser sabios, pensar mucho antes de hacer cosas. Yo tomo un poco de eso, de no ser tan impulsivo, de ser un poco más inteligente, más filosófico. Y el occidental se caracteriza por ser pasional, por tener la energía y el arranque de ir y hacer. Entonces yo creo que aprovecho de las dos cosas, porque si yo fuese un chino bien chino, no iría a una audición nunca. No sería actor, para empezar. Para ser actor tenés que competir. Eso es muy occidental, esa cosa de ir y luchar por el lugar. Los orientales son más como ‘bueno, esto no es para mi’. Es mas taoista la filosofía, budismo, ‘estoy en paz con el mundo, soy una piedra, no soy una piedra’, pero el occidental es ‘yo soy persona, yo tengo emociones. Amo u odio’.